Camila Sosa Villada, escritora, dramaturga y actriz. Devoramos de una sentada Las malas y lloramos con las imágenes bellísimas de las travestis en el Parque Sarmiento; nos reímos y disfrutamos con sus cuentos en Soy una tonta por quererte. Nos hemos desarmado con sus poemas en La novia de Sandro. La vimos siendo la actriz espléndida que es en Tesis sobre una domesticación, en el Cineclub Municipal. La vimos, la leemos, la buscamos. Cada vez que en Córdoba nos enteramos de que fue premiada, traducida o entrevistada, algo de nosotres se infla y se enorgullece.
En esta oportunidad, después de cuatro años, vuelve a cantar. En un evento que tiene mucho de reencuentro: de Camila con la música y con Franco Dall’Amore, quien migró en la pospandemia y ahora viene desde Portugal, de visita. Y de visita se genera esta cita, un casual 14 de febrero.
Cita que ubica a una Camila cantante en el escenario, con sus ideas filosas, su risa socarrona, sus comentarios fuera de lugar, su cinismo habitual. Una noche que promete boleros, canciones italianas, canciones brasileras, tangos. Todas canciones bien tristes. Todas acordes menores. Todas canciones para cortarse las venas con una galletita de agua: canciones para habitar el amor romántico, el drama y el despilfarro emocional.Ornella Vanoni, Elis Regina, Tita Merello, Nina Simone. Y del mundo de las letras, Sharon Olds, Joan Didion… Todas maravillas que atraviesan y se hacen cuerpo en el escenario con Camila. Una masacre emocional musical.
Una canción que sea dueña de nuestro estado de ánimo. Por un rato, entrar en el juego. Dedicarle visceralmente en un karaoke ese desgarrado Hasta que te conocí a alguien que te arruinó. Llorar mirando por octava vez Cuando Harry conoció a Sally. Saber imitar el tono y la carita de beboteo de Julia Roberts cuando mira a Hugh Grant en Un lugar llamado Notting Hill y le dice: “Solo soy una chica, de pie frente a un chico, pidiéndole que la ame”.. Dedicarle poemas de Jaime Sabines a alguien que no se va a enterar nunca. Jugar a ser los enamorados que “se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida, y se van llorando, llorando, la hermosa vida”.
Escuchar a María Bethania y su voz rota, como si necesitáramos ser parte de un ritual destructivo de deshojar margaritas y decir “me quiere no me quiere”.El desamor, la pena, un año de amor, la euforia de los inicios, el engaño. Desarmarte entera cantando Qué ganas de no verte nunca más de Valeria Lynch. Un No podrás de Cristian Castro, ¿por qué no? Una película de Almodóvar y el rojo intenso, un Sandro cantando profundamente trigal. Amores gitanos, amores de Tinder, amores de juguete. Las tragedias desaforadas de los amores prematuros por apps, los desencuentros y el dolor.
“Y el mejor plan todavía es ir a escuchar a Fran Dell’Amore, hacerle el amor a esa guitarra como se lo hace”, remarca Camila.
Elogio a perder el tiempo
“Mi sensación siempre es que no me alcanzan los días para descansar, para dormir. No me alcanzan las horas para dormir. No me alcanzan las horas para hacerme el desayuno. No me alcanzan las horas para amar. No me alcanzan las horas para enojarme. Todo es como si estuvieras sacando un crédito de horas que no vas a poder pagar nunca. ¿Cómo va a ser un lujo perder el tiempo? No. Con lo lindo que es perder el tiempo. Con lo lindo que es no tener nada que hacer.” le dijo a la periodista Camila Arguello en el aire de la 102.3.
Hoy que ya no sabemos cómo dejar de ser productivos, útiles y los buenos hijos bien del capitalismo rendidor —muy bien, tomá galleta, loro—, quizás los amores inútiles, con todas sus sombras, sean una bonita forma de perder el tiempo y disfrutar.
Leer a Camila es siempre un placer, verla en el escenario leyendo también. En el Teatro Comedia, en un mítico Un mundo feliz, leyendo este poema fantástico de la ácida y genial Dorothy parker.
Idilio
“Piensa en un nidito nuestro bajo una enramada,
cada día, al ocaso, te esperaría ahí,
abajo donde la verja, al resplandor del oeste,
vestida enteramente de blanco, con una rosa en el pelo.
[…]
Piensa en los años, como una canción sin fin,
piensa en una tranquilidad que nunca hemos conocido.
Mientras el mundo, olvidado, sigue su curso,
piensa en nosotros dos, en un mundo nuestro.
Ahora que lo has pensado seriamente…
¿Verdad que es genial que nunca pueda ser?”
Una Dorothy Parker que tira de un plumazo todos los sueños de la casita, el perrito y la familia Ingalls. Leída por Camila, le calza como anillo al dedo.
En el escenario, Camila reúne muchas de sus facetas: la escritora, la actriz, la intérprete sensible y filosa a la vez. Dice el amor desde distintos lugares —el deseo, la ironía, la ternura, la herida—, y arma un clima cercano, casi íntimo. Verla en el escenario es un pequeño privilegio. Leerla, también.
“Era una belleza. Y ustedes dirán: ¿cómo una vieja puta, negra, alcohólica, sin dientes, ex convicta, heroinómana, rancia podría ser una belleza? Ah, diré yo… viejas putas de esa índole, hemos conocido muchas, también ladies hermosa, claro, miles de mujeres así, pero nunca tan bellas como Billie. Dos chicas como nosotras, ya saben, “dos chicas tan especiales”, como solíamos decir a los muchachos que nos interrogaban por nuestra entrepierna chicas de noche y tímidos jotos de día, no teníamos mucha oportunidad de conocer a otro tipo de mujer. Las viejas putas, desdentadas, risueñas y picosas como chile habanero eran nuestras amigas, las chicas de todos los días; les aconsejábamos el corazón, la cabellera y el culo y las abrazábamos con bondad.” Fragmento inicial del cuento Soy una tonta por quererte.
La cita es este viernes 14 de febrero, a las 20 en Studio Theater. “La gente siempre tiene alguien a quien roer”, cierra Camila Sosa Villada, así que sus entradas las consiguen en alpogo.com.
