Como ese misterio extraño que encierran los procesos, Trisomía dice no saber lo que hace, pero lo hace bien, y su público lo sabe. El año pasado fue una vidriera, dice Tuka, cantante y quien inició la banda: salieron a tocar por todos lados en la ciudad de Córdoba, ebullición y movimiento. Este año se están centrando en producir un nuevo disco: mucho ensayo, mucho reunirse con la banda a pensar y crear. Por Clarisa Alba Gómez
Como esos castores que arman represas con troncos y que no saben el tamaño de lo que hicieron hasta que paran a ver y se dan cuenta de que han cortado el cauce de un río. Los chicos de Trisomía, en tan solo dos años, han habitado escenarios posicionándose como una banda del under que promete. Pasaban las fechas y cada vez había más gente: el boca en boca, la magia del movimiento under, las placas tectónicas de la música temblando. Primero los amigos, después conocidos de amigos y, después, personas que ya no sabés quiénes son pero que comparten lo mismo que vos.Trisomía combina rock alternativo, synthpop, existencialismo y confusión. Un sonido atmosférico que te envuelve en órbitas de otros mundos. En la entrevista que tuve el gusto de hacer, aparece Tuka con su remera de Dynamo, disco de Soda Stereo. Cuenta de una búsqueda sonora y tímbrica que nace de escuchar mucha música:“Este proyecto nació primero como un proyecto solista mío, en donde yo me veía también muy influenciado por bandas que me pasó mi padre, sobre todo donde está Soda Stereo, muchas bandas nacionales, donde están Los Redondos y ese tipo de sonoridad quizás un poco más oscura de la escena nacional. Y también ir descubriendo después otras tímbricas de bandas un poco más rock, como Radiohead o The Cure.”
Letras que hacen ruido
El disco homónimo de Trisomía, grabado en el estudio La Gran Rosa, inicia la experiencia envolviéndonos en un misterio oscuro y atractivo; después nos pasea siguiendo el ritmo alterado del tema Nos encarnará. Detrás es su tema de brillante oscuridad pop, aureolas negras y fatales mentiras que sobrevuelan. Con Ambiente nos dejamos caer, canción que se baila y se canta. Canciones con estética lúgubre, introspectiva y misteriosa.Un sonido con influencias de Radiohead, My Bloody Valentine, hasta destellos de los mendocinos de Usted Señalemelo. Revitalizando el lugar de letras que hagan ruido y se enojen, letras críticas. Una generación que está cansada y que lo dice.
“Está volviendo la crítica en las letras, creo que queda un poco atrás la movida indie ya. Ciertos mensajes quedaron viejos y como que se empezó a pudrir un poco más la historia ahora.”
Un fin de fiesta, en donde vemos que todos los vibrantes personajes que al principio de la noche eran energía, color y elegancia, se han transformado en una grotesca imagen desdibujada de sí mismos. La música se ralentiza, las sombras crecen y lo que queda es una sensación espesa, como si algo no terminara de cerrarse. La impresión de todo un movimiento de bandas que hablan desde una impronta oscura. Un momento histórico en que cumplir las expectativas sociales que se tenían pensadas para estas generaciones resulta imposible. Digo, la casa propia, todo este tipo de cosas.
“Yo creo que nosotros, con Mirco y con la banda, tenemos veintipocos años. Y somos un poco la generación del desencanto. Somos la generación que se dejó abrumar por la realidad constante que a uno le muestran en los ojos todo el tiempo. Y hoy por hoy también estamos en un contexto de país muy difícil. Entonces es como que se mezclan todas esas cosas y se termina reflejando en el arte.”
La banda trabaja en letras crudas y críticas, atravesadas por el aceleracionismo del tiempo y por las obligaciones de consumo sin sentido. Charlando con la banda recuerdo la frase del crítico Fredric Jameson, popularizada en el libro Realismo capitalista de Mark Fisher: es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Vemos muchas ficciones en libros, series y películas que pueden imaginar un fin del mundo, pero pocas alternativas de organización posteriores que escapen al capitalismo. Quizás la música pueda ser un motorcito para correr esa frontera de imaginación, crear nuevas alternativas.
“Encontrar en el arte una especie de fortín”, dice Tuka, “para poder abordar todo este tipo de cosas que a su vez a nosotros nos atraviesan mucho. Esto que habla Mirko de la necesidad de consumo, de cómo se ha hecho una escala de valores sociales, medios extraños al día de hoy.”
“Con un cierto paso abrumante del tiempo, que a veces no sabemos muy bien cómo abordar, y sobre todo una idea de mucho consumo; como que de repente nos encontramos hasta nosotros mismos atravesados por mucho consumo para adormecernos. Entonces creo que las letras nuevas van un poco más por ese lado, tienen más una búsqueda social”, dice Mirco, bajista de la banda.
Lo comunitario, la construcción en conjunto
Trisomía es un quinteto conformado por Lucas Ezequiel González, más conocido como Tuka, cantante y creador de la banda; Mirco Weigandt en bajo; Ramiro Gómez en teclados; Yaco Kuran en batería; Valentín “Piojo” Llopiz en guitarra.Lo que inició como el proyecto solista de Tuka wav se transformó en algo mucho más grande que recién empieza. Ahora componen juntos.
“En Trisomía lo que más buscamos en realidad es crear un espacio de crecimiento conjunto. Compartimos mucho con el grupo. Esto nos pone orgullosos, independientemente de la música; es decir, creamos entre nosotros, es un espacio donde nos sentimos cómodos diciéndonos lo que nos pasa.”
En ese ida y vuelta, la banda encuentra una forma de sostenerse. No solo como proyecto musical, sino como lugar de pertenencia en medio de un contexto que empuja hacia lo individual. Hay algo en ese hacer colectivo que también suena en las canciones.
Un sonido envolvente, estética oscura, letras críticas y buena compañía. Trisomía abre preguntas, desordena y profundiza.
Ya no hay destrucciones lentas
ni mañanas muertas del todo
Salvo que el sol caiga hasta verte bien
Y en su región alta
Siempre esclareces.
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