Un manyín de los de antes

El joven Sandro
Un bandido en el levante
Vago y atorrante
El mil patrañas, el malamañas, el forajido
Y bien picante, dice, un re atorrante Por Clarisa Alba Gómez 

El barrio, la casa, los amigos, La Mona, Los Palmeras, Los Redondos, las mil amanecidas.

Malandro de América. Sin chamu ni autotune. El rapero romántico que se abrazó a Sandro para poder cantarle al amor. Con más de 15 años de trayectoria en la música: 14 mixtapes, 5 álbumes y más de 300 sencillos. From Las Tunas, villa colindante con Nordelta (paraíso de carpinchos y de los valores estéticos y morales), a toda la Argentina (y más).

Malandro empezó a caminar el rap en los años 2000, sin redes. Empezó con el nombre Malajunta: hacía rap contando lo que pasaba con sus amigos en el barrio, con su familia, con sus dramas de amor.

Malandro se sumergió naturalmente en el trap y surfeó su ola desde el inicio. Es uno de los pioneros del trap en Argentina, antes de que se hiciera masivo. Después vendrían Duki y otros jóvenes traperos en El Quinto Escalón.Y empezaría la nueva era musical de la Argentina.

Pero ahora estamos en el 2000: ni Instagram ni Facebook, crisis económica, el barrio, los pibes sin un mango en la plaza buscando con qué entretenerse. La cultura del hip hop en Argentina empezó en la periferia, no era masiva, era desde los bordes.

Cuentan que hacer rap en esa época era difícil: reconocerse en la plaza, un leve gesto de complicidad, encontrarse, preguntarse por un par de raperos que les gustaran, hacerse amigos. No era época de referentes como ahora. Había una escena, raperos como Sergio Sandoval, El Brujo, Mustafa Yoda, Fuerte Apache, que daban los primeros shows y talleres de rap para la pibada.

Y ahí Malandro, siendo Matías, buscando, caminando, preguntando a quién le gustaba el rap, absorbiendo todo lo que le fuera posible.

En la entrevista que le hice le pregunto por su trayectoria y contesta, sin dudar, todo contento:
“Me pareció un camino hermoso y muy significativo. Porque fuimos los que sembramos las bases. Yo soy uno de los primeros artistas que tiene manager del trap. Y mi manager es mi amigo, y es el mismo hace 15 años”.

Empezó en una época en que el rap y el hip hop no estaban asentados en la cultura nacional. Una época más analógica, en la que ibas al barrio y veías todo sin intermediación de una pantalla.

Imposible picarle el boleto

No es una novedad que hoy en día ya no podemos hablar de géneros musicales aislados, pero Malandro lleva esta premisa a otro nivel. Cuando pensás que suena a rap, te sorprende y mete un rock.

“Yo fui uno de los primeros que rompió la estructura y se animó a hacer otro género. Vos venís a mi show y vas a escuchar cumbia, rock, pop.”

Vemos a Malandro en el videoclip de Amor forajido: te hace corazón con las dos manos, canchero, un tema rockero. Y de repente aparece un tango con Melingo, José el Cuchiyero se llama la colaboración que hicieron. Y el sentido se trasluce en esa impronta arrabalera que, claroquesi, comparte el tango con el rap.

La sorpresa, el juego de mezclar géneros y estilos, y de compartir escenarios y producciones con distintos artistas. Un largo camino recorrido: Malandro con La Delio Valdez, con el joven rapero G5, con Gaspar Benegas de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, con el último éxito Amor de vago junto a La T y La M.

“Se puede llegar a ese lugar desde la autenticidad. Nada más que, bueno, el camino es más difícil, más largo, pero se puede”, reafirma. El coqueteo con el mainstream sin perder lo genuino.
La explosión mainstream de Amor de vago solo confirma lo que es vox populi: que Malandro de América suena en todo el país hace años.

Malandro es una persona que no te habla con el cassette puesto, sin pelos en la lengua. Hablamos de su público, del barrio, de los cambios:

“Yo ya me mudé de mi barrio. Y el otro día estaba hablando con mi público porque por ahí me he encontrado con comentarios. Hoy yo trato de buscarle un sentido a todas las canciones de 2013, 2014, y un mensaje, pero sin ser falso, viste. Yo a la gente la entiendo cuando dice: ‘No, para mí Malandro me gusta más de 2015’. Pero si yo te canto en 2026 cosas de 2015, te estoy robando la plata, porque no estoy viviendo eso ya, ¿entendés? Estoy viviendo otras cosas. Obvio que el barrio va dentro de uno y uno se maneja como aprendió. Pero no voy a decir que estoy acá en la esquina con los pibes pensando en esto, ¿entendés?, cuando no lo estoy.”


El Sandro joven, alter ego del amor

Malandro es la prueba viva de que pasos firmes y desde abajo llevan lejos. Cosechar lo que se siembra tras más de 15 años de carrera. Y una joyita que se suma a ese largo recorrido es su interpretación de Trigal, de Sandro, en la sesión #20 de FA! con Mex Urtizberea.

Nos damos el lujo de ver a un Malandro romántico en su máxima expresión, encarnando al Gitano, dándose también el lujo de ser ese joven Sandro.

“Fue como un alter ego para poder darle una identidad a mis canciones románticas. Porque también soy medio uno de los primeros raperos que le dedica canción al amor. El rapero siempre tiene eso de duro, viste, de chabón de la esquina. Y sus canciones son otra cosa.”

El romanticismo en Malandro no es un gesto aislado: es una toma de posición. Es correrse del mandato del rap duro para abrir un territorio más vulnerable, más expresivo, más humano.

“Y mayormente los raperos que cantan de amor no son muy respetados por el rapero. Y yo le busqué la vuelta. Entonces fue como un alter ego, el joven Sandro, como decir: bueno, acá vamos a revivir esta cosa de lo romántico, pero en este género. Y yo creo que es súper necesario que el rap también cante al amor. Es que el amor es todo.”

El rap como forma de decir(se)

Malandro es multifacético. Su trayectoria fue una sorpresa hasta para él.

“Yo de chiquito siempre dibujé. Nunca pensé que iba a terminar cantante. Yo pensé que iba a hacer algo del arte. Iba a terminar tatuador, pintor de cuadros, algo de eso. Porque fui muy ligado al dibujo toda la vida, de chiquito, desde preescolar. Y después entré al rap. Y dentro del rap estaba el graffiti. Y fue como, bueno, fue de graffiti de una. Y me terminó ganando el amor por cantar, porque en un momento hacía las dos cosas. Y dije: bueno, acá hay que decidir.”

El rap aparece entonces como una forma de expresión total: palabra, ritmo, identidad. Un espacio donde decir lo que cuesta decir de otra manera, donde ordenar lo que pasa adentro y afuera.

“Porque el rap también te vuelve… tiene como una cosa medio psicológica. Me hace medio psicólogo, viste. Porque yo de guachín siempre fui medio introvertido, medio que estaba acostadito mirando, no hablaba. Y de repente dije de todo. La vida cotidiana, las exigencias, los trabajos, los vínculos. De repente todos tus oyentes, quienes van a verte, están agitados por muchas cosas. Y de repente necesitamos esta cantidad de palabras que tiene el rap para expresarnos un poquito más y mejor, ¿no? Sí, sí, totalmente. Aparte también tiene eso de poder jugar con la multisilábica, con la métrica, ¿entendés?”

Malandro

El Malandro de 2015 sigue presente. Jolgorio y jarana, sus códigos, sus valores del barrio y la familia: todo sigue ahí.

Un trapero que le canta al amor, a sus amigos del barrio que lo bancan, y él a ellos. Los amigos, su gente.

Malandro es una esponja:
camina y absorbe,
aprende, conoce, busca, conversa.

Fiel romántico y del barrio.

Una caja de sorpresas. Pasa del rap al rock y de ahí tiende un puente a la cumbia. Lo hace como si fuera fácil, como si nada pasara.

Sandro, el Indio, Leonardo Favio.
El rock y la cumbia.

Malandro de América.

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